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Chinchilla de Montearagón

Localidad: 
Chinchilla de Montearagón
Provincia: 
Albacete

Chinchilla de Montearagón es una ciudad y municipio español de la provincia de Albacete, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Cuenta con una población de casi 5000 habitantes según el Instituto Nacional de Estadística (2017).

En su economía, destaca la industria y el turismo.

Historia

 

Al principio del periodo Neolítico, Chinchilla de Montearagón debió de ser poblada rápidamente, ya que se trataba de una zona alta en una llanura empantanada por los ríos que bajan del sur.

La tradición, sin embargo, atribuye la fundación de Chinchilla a Hércules, sobre el siglo VII antes de Cristo, que puso las primeras piedras sobre el lugar. Resulta del todo incuestionable su origen remoto como demuestran diversos yacimientos arqueológicos de la zona, como los encontrados de la Vía Augusta (época romana), que delatan que fue un importante cruce de caminos. Es, así mismo, mencionada en el Itinerario Antonino A-31. 

En época musulmana, siglo VIII, hay ya referencias históricas de Chinchilla, pero es hacia el 928, bajo el califato cordobés, cuando adquiere notoriedad. Recibió el nombre de Ghenghalet y figuró entre las poblaciones más importantes del Reino de Murcia. También bajo el mismo dominio se llamó Yinyalá o también Sintinyala.

Las tropas de Alfonso X, coaligadas con la Orden de Calatrava y los ejércitos de Jaime I de Aragón al frente de D.  Pelayo Pérez Correa, comendador de la Orden de Santiago, la conquistaron a los árabes, en 1242. En 1243 a través del Tratado de Alcaraz entre el mismo rey de Castilla y los descendientes de último rey de Murcia, Ibn Hud, cediendo todo su reino, se consolida el dominio castellano en la plaza. "...con la ciudad de Murcia e todos sus castillos que son desde Alicante fasta Lorca e fasta Chinchilla...."

En el siglo XIV formó parte del marquesado de Villena. Juan II (padre de Enrique IV e Isabel la Católica) la incorporó a la Corona de Castilla. Durante este reinado el infante Enrique de Aragón maestre de la Orden de Santiago intenta apoderarse del Señorío de Villena, apenas lo consigue durante un año, ya que Chinchilla opone una dura resistencia y por esta fidelidad a la monarquía castellana la villa recibe en 1422 el título de Ciudad, siendo la capital de la Mancha de Aragón. Ésta es entregada como dote por Juan II a su hermana doña Catalina, esposa del Infante Don Enrique.

De los conflictos entre la Corona y los Infantes de Aragón, aliados con el Rey de Navarra, surge un nuevo poder: el de Diego López de Pacheco, que llegará a ser favorito de Enrique IV y marqués de Villena. Él recompone la unidad territorial del Marquesado bajo su dominio, y en el siglo XI sus habitantes quedaron divididos ideológicamente: unos se mostraron partidarios de la reina Isabel y otros a favor de Juana la Beltraneja y de don Diego López de Pacheco, marqués de Villena. Su poder dura hasta la guerra entre los partidarios de ambos. Derrotados los segundos, Chinchilla se incorporó a Castilla el 1 de marzo de 1480.

A raíz de estos hechos los Reyes Católicos juran los Privilegios de esta Ciudad sobre la Cruz de cristal de roca que se conserva en el Museo de la Iglesia Arciprestal de Santa María del Salvador el 6 de agosto de 1488, otorgándole los títulos de Noble y Muy Leal, que hoy en día todavía perduran (lo podemos leer en su escudo).

Tras estos hechos y durante el reinado de los Reyes Católicos, Chinchilla sufre una decadencia en favor de su antigua aldea, Albacete (con mayor protagonismo político y económico), ya que esta última disfrutaba de la comodidad del llano. Los chinchillanos llegaron a quejarse a su rey Felipe II, al cual le dirigieron una carta que transcribía así: "Esta Ciudad tenía buenos y grandes términos, donde venían y vienen a herbajar los de tierra de Huete. Su Majestad se los dio a la villa de Albacete por no se qué relación siniestra que ellos hicieron, de manera que los ha perdido quien los había ganado y defendido con su propia sangre, y los tiene quien con falsas relaciones los procuró".

Situada en un enclave fortificado y estratégico, fue escenario de numerosas acciones en 1707, durante el conflicto internacional de la Guerra de Sucesión Española; las tropas del archiduque Carlos se apoderaron de Chinchilla.

Durante la Guerra de la Independencia se adueñaron de su castillo las tropas francesas, las cuales volaron el Torreón del Homenaje.

Después de esta dominación, y bajo mandato de Fernando VII adquirió el título de Fidelísima siendo la capital de la efímera provincia de Chinchilla (Trienio Liberal de 1820) y recobrando el protagonismo de Ciudad hasta 1823. Pero la represión absolutista de Fernando VII acaba con este breve paréntesis liberal. Al final, en 1833 la capitalidad recae sobre Albacete con la división de Javier de Burgos. Sin embargo, y en las Guerras Carlistas, aún siendo capital Albacete varias instituciones como la Diputación se resguardaron en el cobijo de los muros de Chinchilla de Monte-Aragón.

PATRIMONIO

BAÑOS ÁRABES

Hoy propiedad particular, en los bajos de una casa en la calle de Obra Pía. Cuyo origen se remonta entre los siglos XI y XII. A ellos hace referencia documental el Infante Don Juan Manuel, en una carta del año 1295, así mismo son citados en las “Relaciones Topográficas de Felipe II” y en algunas publicaciones del siglo XIX.

Embutidos en una edificación nueva, consta de dos salas abovedadas en cañón y paralelas, una tercera más estrecha corre perpendicular a las mismas, aún subsisten los lucernarios estrellados, así como las piletas de la sala sur.

Del siglo XIII, tenemos noticias de los baños “que tenía Carrasca”, a juicio de muchos expertos, “judíos”, (en desuso a finales del siglo XIII), y que dado su carácter ritual delataría la existencia de una sinagoga no muy lejana, dentro de la aljama chinchillana. También los baños, que aparecen en la documentación cristiana del siglo XIII, que catalogados como árabes, hay que abrir la posibilidad defendida por expertos, de su origen judío.

CASTILLO

Siglo relevante: XV.

Antiguo emplazamiento ibérico y más tarde romano, ocupado posteriormente por los visigodos. Los árabes lo conquistaron denominando a esta plaza Ghenghalet. De la influencia árabe quedaron en el recinto fortificado elementos defensivos diversos, como las entradas en codo, con recorridos entre varias puertas sucesivas que obligaban a giros de noventa grados, las torres albarranas, construidas exentas al exterior del recinto y unidas algunas de ellas a éste por puentes o arcos, hoy todavía quedas restos de la antigua “Puerta Herrada”, construida sobre dos torreones exentos en el “Pilar” y “Escurrizo”, o las “corachas”, entendidas estas, bien como galerías subterráneas que comunicaban con tomas de agua o pozos, o bien como líneas de murallas que conectaban con torres alejadas del recinto, que cumplían la misión de aguada o control.

Hasta mediados del siglo XIV se fusionaron las fortificaciones islámicas y cristianas con la construcción de torres albarranas y corachas o sistemas de aljibes de técnica musulmana construidos la mayoría de las veces por alarifes mudéjares. Ordoño II de León intentó su reconquista, pero será finalmente el Reino de Aragón quien lo logre. Desde el siglo XII fue disputada y alternativamente poseída por Aragón y Castilla. Usurpado por Alfonso VIII de Castilla, recobrado para la Corona de Aragón durante la minoría de Fernando IV de Castilla, volvió de nuevo a sus manos. Quedará definitivamente en poder del Reino de Castilla, a partir de Alfonso X “el Sabio”. No restan vestigios, en el castillo, de la fortaleza musulmana ni del primer castillo cristiano, pues el actual es del siglo XV. En 1449 adquirió la fortaleza Juan Pacheco, maestre de Santiago y marqués de Villena, reconstruyendo los desmochados muros del antiguo castillo, dándole el empaque y la forma que aún hoy vemos en la altura.
En el castillo de Chinchilla se organizó la vida en torno al patio de armas y se construyó una gran torre a la manera centroeuropea, en ella se concentraba toda la carga simbólica del acto de pleitesía entre el rey o el señor y sus vasallos, de ahí que recibieran en España el significativo nombre de torre del Homenaje. La ostentación en la arquitectura militar llevó a que Juan Pacheco, marqués de Villena, rematara la espléndida torre con parapeto volados sobre matacanes. La torre del Homenaje asumió el uso residencial. Cuando la artillería hizo su aparición, la fortaleza se rodeó de un profundo foso tallado en la misma piedra, con torres de planta circular, en las que se abrían numerosas bocas de tiro o troneras, que por su forma circular delataban su uso para armas de fuego.

Levantado por Juan Pacheco, emplazado en un cerro que domina la llanura por donde pasa la autovía de Madrid a Alicante. Era sitio fuerte, difícil de atacar por ser el cerro abrupto y podía ser defendido con poca gente por tener un gran foso a la redonda, excavado en la roca viva, que aumentaba la altura de sus ya elevados muros, que se cruzaba por dos puentes de madera. En 1479 fue anexionado a la corona de Castilla, liberándolo del marqués de Villena. El más famoso de sus huéspedes fue César Borgia, hermano de Lucrecia e hijo predilecto de Alejandro VI, a quien trajo el Gran Capitán preso a España, en 1504, por orden de Fernando El Católico. Este rey, celoso de los agasajos que la ciudad del Turia le dispensaba a los Borgia, y acusándolo de la muerte del duque de Gandía, lo envió preso al Castillo de Chinchilla, propiedad del duque de Maqueda.

Todavía en el siglo XVII, conservaba muchos de los aposentos interiores como salas, caballerizas, capilla, cocina, etc. Destacaba la gran torre del Homenaje, cuyas paredes tenían cuatro varas de ancho. En su base había un aljibe y sobre él dos plantas que ocupaban todo el espacio hueco de la torre, sobre cuya bóveda se emplazaba la terraza almenada. Durante la guerra de Independencia, este castillo despertó la codicia de las huestes napoleónicas, en la persona del Mariscal Soult, quien ordenó a Drouet su conquista. En 1812, los chinchillanos, para defenderlos sufrieron los horrores de un sitio de varios días.

Su planta forma un polígono con cortinas encuadradas por grandes cubos, torreones cilíndricos bastante salientes que permiten el tiro de flanqueo, y otras torres intermedias de menores dimensiones, además de los torreones con escudos signo de pertenecer a don Juan Pacheco, sobre sus dos torreones de entrada se fijaron en piedra los dos calderos jaquelados con orla de dos órdenes de jaqueles, escudo de armas de este apellido, que defienden la puerta. Gran parte del recinto mantiene las almenas y el bocel decorativo sobre el que se aprecia alguna tronera. El foso, excavado en roca natural, se mantiene completo y sorprende por su anchura y profundidad. En su entorno hay varios restos de garitas construidas cuando fue prisión. Quedan, a nivel inferior del castillo, algunos restos de las fortificaciones más antiguas que la fortaleza actual, son restos de muro que descendían desde el castillo para formar la cerca de la puebla. 

CUEVAS

El origen de las cuevas-vivienda no está perfectamente definido. Probablemente se empezaran a excavar durante los primeros siglos de dominación árabe sobre la Península, sin embargo, debieron construirse de forma masiva a partir del s. XVI cuando la población musulmana y judía fue expulsada de sus viviendas tras la conquista del Reino de Granada por Los Reyes Católicos en la comarca de Guadix.

De este modo, las cuevas surgen para los marginados, ajenas a los pueblos y ciudades, fuera del control administrativo y orden eclesiástico.

Así, en cada pueblo de nuestra comarca rodeado por estos cerros, las cuevas han tenido una evolución desigual, según las necesidades y caracteres sociales de sus habitantes, hasta llegar a convertirse en nuestros días en un hábitat sano, ecológico y totalmente integrado en el entorno paisajístico de Chinchilla.

Uno de los atractivos de las cuevas reside en la simbiosis que presenta entre obra humana y naturaleza pura. Un hábitat muy apreciado como vivienda y alojamiento de lujo, que representa una alternativa novedosa a la hora de entrar en contacto con la naturaleza. Su originalidad arquitectónica, en la que todo son formas curvilíneas o abovedadas, modeladas como cerámicas en el vientre de la tierra, su ideal temperatura y su gran ambiente acogedor, íntimo y rústico, las han convertido en uno de los mayores reclamos del turismo rural de esta zona.

La temperatura en el interior de las cuevas es constante durante todo el año (entre los 20 grados del invierno y los 18 del verano), por lo que no es necesaria calefacción. En definitiva, se trata de un lugar ideal para alejarse de los ruidos mundanos, gracias a que su insonorización es completa, que cobra mayor protagonismo gracias a la tranquilidad que presenta el entorno.

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